LA BARRIADA

POR MARTIN AGUILAR

NADIE SABE PARA QUIEN TRABAJA

Luego que Morena ha insistido en que nadie debe ganar más que el presidente, con eso ese partido copados todos los cargos de dirección de los tres poderes, a través de presidentes afines a su causa, en la Ciudad de México no tendría por qué ser diferente.

Ese partido tiene la Jefatura de Gobierno en la persona de Claudia Sheinbaum, y el Congreso local por medio de Ricardo Ruiz, que si bien no ata ni desata, tampoco se atreve a poner freno a sus compañeros, que operan a sus anchas en Donceles.

A los morenos les faltaba el Poder Judicial, que obtuvieron con la toma de protesta que en días pasados hizo Rafael Guerra Álvarez como presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México.

Nadie duda de que Guerra Álvarez es simpatizante del tabasqueño, pero lo que no se tiene muy claro es a quién o a quiénes de ese grupo reporta, pues su historial es muy amplio en su paso por el servicio público, sobre todo en la época perredista.

Habrá que recordar que al nuevo presidente del Tribunal le tocaron casos peliagudos, como el asesinato del locutor Paco Stanley, acribillado en junio de 1999 después de haber desayunado en una taquería ubicada sobre Periférico Sur.

Eran los tiempos de Cuauhtémoc Cárdenas como primer jefe de Gobierno electo en el Distrito Federal, con el desaparecido Samuel del Villar como procurador de Justicia. Ése fue, quizá, el caso más publicitado en su administración.

Ya en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador el hoy magistrado presidente fue el encargado de recibir a René Bejarano en el Reclusorio Sur, a donde el entonces diputado desaforado por el Congreso llegó acusado de hacer negocios sucios al amparo del poder.

Por alguna razón, Guerra Álvarez atraía los casos más complicados, que, de una u otra forma, lo mantenían en contacto directo con el poder, debido a la importancia de los procesos a su cargo.

En la guerra de los video escándalos, que estuvo a punto de descarrilar la carrera política de López Obrador, el artífice de la defensa del Gobierno del DF fue el entonces secretario de Seguridad Pública capitalino, Marcelo Ebrard.

Por esa razón, el funcionario tenía que estar en contacto con el juez que llevaba el caso de Bejarano, pues el viejo profesor era elemento fundamental para guardar “los secretos del poder” y encarcelar al empresario Carlos Ahumada, con quien hizo oscuros negocios.

Nueve meses después de haber llegado al Reclusorio Sur, Bejarano saldría libre y, unos años después, Ebrard sería jefe de Gobierno del DF. A su llegada a la Jefatura, el hoy canciller impulsó a Guerra Álvarez para que pudiera ser magistrado.

Por eso, ahora que llega como cabeza del Poder Judicial de la CDMX no se sabe bien a bien a quién reporta dentro del grupo morenista; si a López Obrador, a su canciller Marcelo o al propio Señor de las Ligas.

Esto porque uno de los asistentes, quién sabe si invitado a su toma de posesión fue el mismísimo Bejarano, quien se encargó de que todo el mundo lo viera, como para mandar el mensaje de que sigue vivo y conectado con el poder.

Libre de virus. www.avast.com


Categorías:Nacional

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