LA BARRIADA

POR MARTIN AGUILAR

OJOS QUE NO VEN

Cuando se presentó el desabasto de gasolina en la CDMX, Claudia Sheinbaumlo negó en primera instancia; después dijo que era en unas cuantas gasolineras y más tarde reconoció el problema, pero dijo que se solucionaría en dos días.

Ya va una semana y, lejos de aminorar, el problema crece y está muy lejos de resolverse, por lo que la jefa de Gobierno optó por la propuesta de racionalizar el combustible y surtirlo de acuerdo con el engomado de cada vehículo.

O sea que quien tenga calcomanía amarilla y necesite gasolina, tendrá que aguantarse una semana para volver a cargar, si quiere.

Esa decisión es la mejor prueba de que el desabasto va para un rato; la interrogante es que si luego de racionar el combustible, se tendrán que reducir los días que pase el camión de la basura, los rondines de las patrullas o hasta el servicio de ambulancias.

La gente que transporta sus cachivaches al tianguis para vender; que maneja su Uber para conseguir ingresos; que conduce su taxi para comer. Quienes van al colegio, al trabajo, a una cita médica o a pasear a la novia, se tendrán que sacrificar por la causa.

A pesar de ello y por increíble que parezca, una gran cantidad de automovilistas han comprado la idea de que el desabasto se debe al combate frontal contra los huachicoleros, y que vale la pena aguantar para terminar con ese mal.

Está claro que el desabasto fue por malas decisiones del gobierno entrante y no por su lucha contra el tráfico ilegal de gasolinas —que, por supuesto, existe—, pues, cuando empezó el problema, el propio Andrés Manuel López Obrador culpó a las fiestas de fin de año.

Pero el asunto empezó a crecer hasta convertirse en un problema de grandes dimensiones y fue justamente ahí cuando el presidente hizo un buen control de crisis y le dio la vuelta al tema.

Culpó al crimen organizado y a la antigua mafia en el poder de haber saqueado Pemex con ventas fraudulentas, y hasta dio cifras sacadas de la manga que nadie pudo contrastar, porque, de haberlo hecho, estarían reconociendo que eran prácticas permitidas.

Hábil como es, El Peje se recargó en el pueblo, pidiendo su apoyo porque “yo no puedo solo”, y sembró en el corazón de sus seguidores la idea de que él es el bueno y que para combatir el mal y salvar a la patria necesita de todos.

Sus fieles se pusieron la camiseta y encontraron un motivo común: unirse todos en la lucha presidencial contra los huachicoleros, aun a costa de perder horas de trabajo, de sueño y de estudio.

Si López Obrador plantó entre sus seguidores la semilla de la solidaridad, también se abrió el camino para usar la misma fórmula si empezara a escasear el gas, la electricidad o, en una de ésas, el abasto de alimentos y otros productos.

Por lo pronto, tiene un amplio margen para manejar el desabasto gasolinero y, al menos en la CDXM, no se ve una pronta solución.



Categorías:Nacional

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