La Barriada/Martín Aguilar/El que la hace la paga

Con la llegada de la izquierda al poder en el Ciudad de México, todos los jefes de Gobierno –excepto Cuauhtémoc Cárdenas– han estado cerca de pisar la cárcel por diversas circunstancias, lo que puede catalogarse como una maldición.

Cuestión de recordar que luego de año y medio de gobernar la capital del país, Cárdenas dejó su lugar a Rosario Robles, quien cerró la administración de tres años. Robles fue acusada de hacer un cochinito a través de contratos alterados.

Después fue echada del PRD por malos manejos y hoy está en la cárcel, donde enfrenta un proceso por permitir presuntos malos manejos de miles de millones de pesos, a través de la llamada Estafa maestra.

Después de Rosario siguió Andrés Manuel López Obrador, quien fue destituido como jefe de Gobierno –aunque nunca dejó el cargo–, acusado de desacato al no atender una orden judicial de regresar un predio a un particular, que había sido usado para abrir una calle a un hospital privado.

Estuvo muy cerca de ser encarcelado, pero López Obrador pudo escapar y darle la vuelta al asunto. Al final, el desafuero del que fue objeto terminó catapultándolo en la lucha política.

Al tabasqueño le siguió Marcelo Ebrard, que luego de ser considerado el mejor jefe de Gobierno que ha tenido la ciudad, tuvo que huir a Francia para evitar ser llevado a prisión, debido a las descomunales fallas de la Línea 12 del Metro.

La que sería obra insignia de su administración fue utilizada por su sucesor, Miguel Ángel Mancera, para atacarlo políticamente y hacerlo poner pies en polvorosa, en tanto terminaba el anterior sexenio.

En la actualidad a quien le toca sufrir la persecución política es al propio Mancera, que de no ser por el fuero constitucional que obtuvo como senador de la República, seguramente ya hubiera sido presentado ante el Ministerio Público.

Para nadie es un secreto que existe un voluminoso expediente sobre el último jefe de Gobierno del PRD y que los hilos legislativos ya se están jalando para eliminar el fuero, para que Mancera sea el primero que pruebe esa enmienda.

En vía de mientras, varios de sus más cercanos colaboradores están en la mira de las actuales autoridades, que incluso ya lograron que se les giren las respectivas órdenes de aprehensión.

Con esos antecedentes, Claudia Sheinbaum deberá andar con pies de plomo, porque si bien es cierto que en estos momentos no corre el menor peligro, pues está muy bien resguardada incluso por el gobierno federal, la política es una rueda de la fortuna.

Nadie sabe si Morena durará mucho tiempo, o si las cosas dan vuelta y después ella se convierta en el centro de atención de sus enemigos, tal como lo han sido quienes se sentaron antes que ella en esa silla.



Categorías:Nacional

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