Raquel Buenrostro, la “Dama de Hierro” que logra cobrar más impuestos

Rebeca Marín

“Decir más veces, decir más fuerte las cosas” ha sido la clave de Raquel Buenrostro para triunfar en un mundo dominado por los hombres.

La jefa del SAT no solo es una de las mujeres más cercanas al Presidente de la República, sino que su trabajo de cobrar impuestos a quien nunca se le había cobrado es fundamental para entender cómo se ha logrado paliar la crisis de covid-19 y la caída de la economía.

Logró superar una larga lista de historias de misoginia gracias a los fundamentos que recibió de su padre quien solía repetir: “El mundo es de los hombres y las mujeres tienen que ganar su lugar. Prepárate para reclamar tu lugar en un mundo de hombres”.

Ella y su hermana estudiaron ciencias duras y sus dos hermanos humanidades. Esta mujer de sonrisa fácil y contagiosa no se ha detenido en la búsqueda de su lugar y sigue haciéndolo hoy en día. Al principio de sus estudios en el Colegio de México se esforzó mucho en ganar una beca por las mejores calificaciones, “viniendo de una familia sencilla para mí, sí hacía diferencia”, dice.

Tras obtener el 10 cerrado en todas las materias, la beca se la dieron a otro compañero. Al pedir una explicación el director de estudios económicos le dijo que a pesar de tener los méritos no la eligió porque las mujeres se casan y tienen hijos. “En lugar de matarme para sacar 10, comencé a irme al cine. Con nueves también se aprende” bromea con las carcajadas de quien rememora travesuras.

En su primera reunión importante en Pemex era la única mujer y todos los que llegaron le pidieron que les sirviera café. “Cuando los ingenieros se dieron cuenta que yo era la única que sabía hacer corridas financieras comenzaron a respetarme”. Siempre decir más veces y más fuerte las cosas.

Poco después renunció a la paraestatal porque el jefe le dijo que no le daría la promoción que le correspondía porque era soltera y mujer. La explicación fue que el compañero promovido tenía esposa e hijos y lo necesitaba más.

Recuerda que el machismo era tan fuerte en Pemex que los trabajadores podían asegurar hasta dos concubinas y una mujer no podía dar esta prestación a sus padres. Otra vez con risa contagiosa dice: “Le propuse que contratara a mi abuela de 75 años porque tiene muchos hijos y nietos, así que ella tiene más necesidad que nosotros”.

Buenrostro tiene claro que las mujeres primero son juzgadas y luego son escuchadas. Que si un hombre habla fuerte se le admira, pero que si lo hace una mujer dicen “qué le pasa, es una intransigente”. Por eso, repite el mantra hay que decir más veces y más fuerte para ser escuchada.



Categorías:Nacional

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