La Barriada/Martín Aguilar/Ya llega el Día D

Una vez que terminaron las campañas, los equipos políticos de todos los candidatos en la CDMX se preparan para el Día D, que es la elección del próximo domingo.

De nada vale una gran campaña si el día de la elección no se cierra con una impecable operación electoral, que es cuando los líderes territoriales tienen que hacer la chamba de llevar a los votantes hacia las urnas.

Todo mundo sabe que una campaña política es carísima, muy alejada de los topes oficiales que marcan las autoridades electorales a partidos y candidatos, pero que el día en que realmente se gasta dinero es precisamente el domingo de las votaciones.

Porque es cuando hay que organizar la operación tamal, por ejemplo, que significa invitar el desayuno a la clientela política, para de ahí acarrearlos a las urnas a sufragar por quien les haya ofrecido más.

Y “quien les haya ofrecido más” es el personaje que les va a dar dinero a cambio de su voto, lo cual es operado por los líderes territoriales, que por supuesto también se llevan lo suyo por la tarea que realizan.

Están también los que coordinan a esos líderes y que llevan la cuenta de los votos que en teoría tiene que aportar cada zona, y reportar los números a la casa de campaña, donde se hacen los cálculos de distritos ganados o perdidos.

El Día D es cuando en realidad circula un mundo de dinero en efectivo en las calles. Ese dinero, repartido sin ningún pudor, nada tiene que ver con los topes a los gastos de campaña impuestos por el INE a los participantes.

El circulante de ese día no es fiscalizado por las autoridades por la sencilla razón de que no deja huella. Nadie pide un recibo a los votantes que aceptan un pago a cambio de apoyar a cierto candidato o partido; se entrega en lo oscurito.

En las elecciones intermedias ganan regularmente quienes le meten más dinero, obtenido de donantes anónimos, que ya después se cobrarán con algunos contratos o parte de la estructura gubernamental, en caso de que sus gallos ganen alguna alcaldía, por ejemplo.

La otra gran masa de votantes proviene de las estructuras gubernamentales, que tienen la ventaja, pues a través de la nómina o de sus sindicatos pueden presionar a los burócratas para votar a favor de alguien en particular, si no quieren perder privilegios o hasta el trabajo.

Al partido en el gobierno le conviene que la gente no salga a votar o lo haga de manera mínima, pues entre más abstencionismo haya, les bastará con el voto de sus estructuras burocráticas o grupos corporativos para ganar.

Por eso es de vital importancia que la ciudadanía que no vende su voto salga a sufragar y atiborre las casillas. Por la opción que quieran, pero que lo hagan libremente, para que no sean otros los que decidan.

Porque de otra forma se impondrán quienes tengan más capacidad de comprar votos, lo cual seguramente harán con el dinero que se roban de los impuestos. No hay forma de evitar que haya reparto de efectivo; el camino es ir a votar. Ése es el Día D.



Categorías:Nacional

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